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  • Hora00:01 Hs.
  • 10/05/2010

Imaginar placeres

Cuando se habla sobre fantasías sexuales, en general, las mujeres suelen preferir guardar silencio pese a que este universo es muy común pero poco explorado en este género. Muchas veces, la incomodidad tiene que ver con lo que la fantasía implica. Pero antes de continuar debemos saber que la fantasía sexual es algo que excita por el simple hecho de contarse. Por más que se describa un acto sexual de manera fría y distante podemos ver que la descripción de la fantasía que acompaña ese acto, probablemente, volverá a resultar excitante. Estos deseos conforman el jardín secreto de cada uno.




Este término lo introdujo Nancy Friday, pionera en fantasías sexuales femeninas, en su libro Mi jardín secreto. Y esta metáfora nos otorga claves para descubrir qué implica la fantasía en la mente o en la sexualidad femenina. La idea de un jardín indica algo florido, colorido y de abundantes aromas. Y el calificarlo como secreto se asocia con el rubor, con esa idea de que, a lo mejor, si lo cuento, pierda el sabor, aroma o sensación que nos produce esa fantasía mientras la mantenemos en secreto.

Las fantasías no son algo que tenemos sólo en la vida adulta, la mayoría de ellas surgen en la infancia y cobran real dimensión erótica en el momento en el cual nos encontramos solos con nosotros mismos. Allí es cuando se empieza a descubrir que, en ese jardín, algunas flores no gustan más que otras. Encontrarnos primero con nosotros mismos nos permite descubrir qué nos excita, vaya o no con lo socialmente aceptado.

En muchos casos, la represión, una educación muy rígida o simplemente la ausencia de diálogos sobre temas sexuales, va empujando hacia lo racional este componente sexual, que muchas veces es considerado inadecuado.

Para poder comprender la importancia de las fantasías resulta crucial saber que primero todo pasa por un caudal de sensaciones de las que nuestro cuerpo se va inundando. Esas sensaciones suceden primero en nuestro cerebro, por el pensar. Y es en ese momento del pensar es cuando nos enteramos, a medida que vamos probando, qué cosas nos atraen y cuáles no. Recordemos que cada uno de nosotros es estimulado de manera diferente.

Para cualquier hombre o mujer que quiera disfrutar de su sexualidad, la inclusión de las fantasías será un factor de amplia importancia. El abandono de este componente, cuando se arriba a las etapas de convivencia o cuando se alcanza la estabilidad como pareja, es un error muy frecuente. Se cree que solamente con el amor bastaría para encender el erotismo. O que sólo los cuerpos desnudos y el estar juntos alcanza para que las relaciones sexuales tengan el mismo impacto erótico que tenían antes.

Anular nuestro jardín, dejar de explorarnos individualmente en el imaginar, en el crear con el pensamiento, por creer que estar en pareja significa renunciar a este tipo de fantasías, son errores muy comunes en las personas, sobre todo, el eliminar las fantasías que son individuales. Sería bueno que en lugar de borrarlas se pudieran crear fantasías de a dos. El jardín secreto que constituye las fantasías puede ser visto como los colores de un semáforo. Hay fantasías de color verde, las llamadas inocentes o fácilmente contables. Son las que implican un simple cambio de posición, ámbito, ambiente, perfume o el incorporar elementos que hagan nuestra sexualidad más atractiva.

Luego están las de color amarillo, que suelen ser más profundas e implicar cambio de roles “más jugados”, animarse a pensar que ciertas poses o situaciones cercanas que roles pueden estimularnos, pese a no ser los tradicionales en nuestra sexualidad. Por último, encontramos las fantasías rojas, que en muchos casos causan vergüenza e, incluso, pueden ser dolorosas. Por lo general, lo que más turba en este sentido es la disociación de lo que se siente con lo que se puede contar. Esta duda constante de sentir que uno puede ser juzgado o rechazado hace que quien tiene estas fantasías tema que lo que está sintiendo o pensando sea anormal.

La base de estas fantasías en muchos casos es física y facilita estas ensoñaciones (soñar despierto) o fantasías a nivel de la vigilia. En otros casos, las fantasías tienen que ver con experiencias infantiles no resueltas o cosas que nos excitaron o desagradaron en la pre-adolescencia. Este cóctel entre lo que nos pasa en nuestro cuerpo, lo que pasó en el pasado y lo que nos sucede hoy en el presente, determina cuál va a ser el ingrediente que aparecerá en nuestros jardines secretos. Las fantasías de color rojo, las que están al final de la escalera, las que están en esa zona oscura y que a veces nos turban necesitan el poder contar con algún tipo de ayuda profesional para desmitificar, con esta, su importancia en la historia personal y, de esa manera, entender el rol que realmente estas tienen en nuestra salud física y en nuestro vivir diario.

En general, recomendamos, salvo casos puntuales, no explorar estas últimas (las que denominamos “rojas”) con la pareja, pues el grado de entendimiento puede no ser el adecuado y provocar interpretaciones erróneas por parte de nuestro compañero o compañera.

Fantasear es volar, es darse permiso. Fantasear es salir un poco de este mundo real e ir a un mundo en el cual subo y bajo desde el real al ideal solo o en pareja. Si no puedo fantasear es probable que deba concurrir a ver por qué me pasa eso, sobre todo, si lesiona mi vida erótica. Esto es lo interesante y, además, debemos recordar que este tema a veces se menciona pero realmente no se le da mucha importancia.

Helen Kaplan pionera en terapia sexual señaló: “Sexo es fricción y fantasía. Recordemos ese componente tan nuestro que juega un rol fundamental en nuestra salud sexual”.

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