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Informe especial: a 40 años del golpe de Estado en Chile, las heridas no sanan

Con motivo de la fecha, un imprescindible documental que se emitió por televisión abierta en el país hermano y aquí se reproduce, demostró que las cuentan están lejos de ser saldadas entre quienes apoyaron al régimen y los que lo combatieron. A continuación, un repaso a un pedazo de la historia, que nos toca de cerca y aún duele.

Ampliar imagen La Moneda Chile Allende

Hoy se cumplen 40 años del golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional del presidente socialista chileno Salvador Allende. Los detalles son más bien conocidos respecto a ese día, que quedó en la historia como el golpe más brutal de la región debido a las impactantes imágenes de aviones de combates bombardeando el palacio de La Moneda, sede del Ejecutvo chileno.

A su vez, el desenlace, épico, ha sido también muy publicitado: Allende hablando por radio en varias oportunidades mientras era atacado, y luego su suicidio, con una metralladora que le regaló Fidel Castro, aunque este dato en los últimos tiempos se ha puesto en duda.

A su vez, la dictadura de casi 17 años que lideró Augusto Pinochet dividió y mantiene dividido al país, en una rareza histórica que no se ha replicado con tanta masividad en ninguno de los países de la región con pasados similares.

El modelo económico que instauró Pinochet, neoliberal y siguiendo a la perfección los designios del Consenso de Washington, pero con clausulas nacionalistas de peso –como el moderado endeudamiento externo–, ha sido elogiado por la derecha internacional. Se soslaya casi sistemáticamente que Chile tiene uno de los índices de desiguadad más escandalosos del mundo. Y, por supuesto, el cómo se instauró ese modelo, que perdura, como gran parte de la Consticicón nacional (llamada Constitución política) que Pinochet y la Junta de Gobierno elaboró y puso en vigencia en 1980. Esa Carta Magna, en gran medida, aún es la que rige a Chile.

A su vez, la dictadura militar abandonó el poder una vez que acordó con los dirigentes políticos una serie de condiciones que le garantizaron a Pinochet y sus secuaces inmunidad casi total. El dictador una vez que dejó la Presidencia fue designado automáticamente, siguiendo los designios de su constitución, senador vitalicio, con los fueros que la banca conlleva.

Asimismo, la herencia política de la dictadura fue continuada por los partidos de derecha que en Chile tienen un poder real e incluso han llegado a la Presidencia de la mano del actual mandatario, Sebastián Piñera.

Incluso la candidata oficialista para las elecciones del próximo 17 de noviembre, Evelyn Matthei, es hija de un militar que conformó la Junta de la dictadura.

Por otro lado, los partidos de izquierda, centro izquierda y centro que conformaron la Concertación para pelear en las elecciones de 1990, sucedieron cuatro presidentes (Patricio Alwyn, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet), que no cambiaron e incluso profundizaron algunos de los aspectos más crueles del modelo, como es el sistema educativo, arancelado, y blanco de tenases protestas de grupos de estudiantes que desde hace dos años no dejan de realizar marchas en reclamo de una educación pública gratuita y de calidad.

Lo cierto es que este 40 aniversario del golpe de Estado encuentra a Chile, otra vez y como siempre desde aquel violento quiebre histórico, dividido.

El lunes pasado hubo dos actos para recordar el golpe, uno organizado por el gobierno de Piñera, en La Moneda, y otro encabezado por la favorita para las elecciones presidenciales de noviebre, Michelle Bachelet. La diferencia en los discursos fueron evidentes, como también las responsabilidades históricas que cada uno citó para intentar explicar la triste historia reciente.

Pero lo inédito del aniversario número 40 del golpe de Estado vino del lado menos pensado: la televisión.

El canal privado Chilevisión, realizó un monumetal trabajo documental consiguiendo material de archivo de noticieros semiclandestinos que trabajaron durante la dictadura –Teleanálisis–, y de televisoras extranjeras que tuvieron durante toda o parte de la dictadura corresponsales en Santiago.

Con ese material, restaurado y perfectamente editado, se realizó el documental Chile, las imágenes prohibidas. Se promocionó el trabajo haciendo énfasis en las filmaciones “nunca vista por los chilenos”. A su vez, los protagonistas que salían en los videos, fueron identificados y ubicados, y contaron en primera persona sus viviencias, las que a su vez se podían ver en las viejas filmaciones.

El trabajo se dio en cuatro entregas, durante la última quincena de agosto y la primera de setiembre. Fueron cuatro capítulos de más de una hora. Se pusieron al aire en día de semana en horario central, midiendo incluso por encima de populares series de ficción. La frutilla del postre la puso la elección del conductor: el famoso actor Benjamín Vicuña.

Durante las cuatro entregas del documental, las redes sociales estallaron con comentarios, elogios y críticas al canal y al actor, demostrando una vez más que lejos de haber un consenso cerrado respecto a lo atroz de la dictadura de Pinochet aún hoy muchísimos chilenos la apoyan y la justifican con fervor.

Imágenes prohibidas.

El prolijo relato histórico del documental rescata hechos puntuales y escalofriantes de las atrocidades de la dictadura de Pinochet.

Siempre con el apoyo de imágenes inéditas y el testimonio de los protagonistas, la saga comienza con el día del golpe y la inmediata detención de miles de dirigentes y simpatizantes de la Unidad Popular, la alianza política de izquierda que sostenía el gobierno de Allende, en el Estadio Nacional de Santiago, virtual campo de concentración y tortura. A su vez, los primeros cadaveres florando en el río Mapocho presagiaban los años de horror.

La persecusión a artistas, cantantes populares, plásticos, profesores universitarios, periodistas, sindicadistas y trabajadores comprometidos con el gobierno de la UP fue una constante en los primeros años.

Un ícono de la represión y el crimen lo marcó el asesinato, en las primeras horas de dictadura, del popular cantente Víctor Jara.

Pero los hechos puntuales fueron los que se destacaron como botón de muestra de la brutalidad del régimen.

La oscura DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) era la encargada de llevar adelante las más cruentas misiones. Operó durante los primeros años de la dictadura, y llevó adelante misiones en el extranjero que le trajeron serios dolores de cabeza a Pinochet. En 1974, en Buenos Aires, la DINA mató mediante una bomba colocada en su auto, al ex jefe del Ejército de Allende, Carlos Prats. Dos años después, en 1976, repitió la metodología en Washington, donde asesinó a Orlando Letelier, ex canciller del gobierno de la UP.

El malestar de EEUU con la acción de los asesinos de Pinochet en su territorio, llevó a un crisis diplomática que terminó con la disolución de la DINA, que fue reemplazada por la igualmente temible y criminal CNI (Central Nacional de Informaciones), cuyos miembros fueron los principales acusados de los más atroces crímines de la dictadura pinochetista.

Uno de los más impactantes hechos de la época fue el caso conocido como “los degollados”. En marzo de 1985, tres miembros del Partido Comunista y profesores universitarios fueron secuestrados a plena luz del día. Se trataba de Santiago Nattino, pintor y partidario de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH); Manuel Guerrero, profesor y dirigente de la AGECH, y José Manuel Parada Maluenda, sociólogo y funcionario de la Vicaría de la Solidaridad.

A los dos días del secuestro y pese a los esfuerzos de familiares, amigos y organizaciones civiles que peticionaron por su liberación, aparecieron degollados a la vera de la ruta al aeropueto internacional de Santiago.

Un año después, otro hecho conmionó a Chile y al mundo por la bruatlidad de las fuerzas represivas. Dos estudiantes universitarios que participaban de una manifestación, Rodrigo Rojas De Negri y Carmen Gloria Quintana, fueron capturados por carabineros y en plena calle se los roció con nafta y se los prendió fuego. Luego fueron tirados a la vera de una ruta. Quintana logró sobrevivir, y da su desgarador testominio en el documental de Vicuña. De Negri murió, y se transformó en íncono de la lucha contra la dictadura.

Como pasó sistemáticamente a partir del caso De Negri, las fuerzas represivas se presentaban en los entierros de los asesinados por la dictadura, y reprimian a familiares, amigos y periodistas que cubrían las ceremonias. Así, el Cementerio Central de Santiago, se convirtió en escenario de habituales batallas campales entre los carabineros y sus temibles carros hidrantes contra familiares y amigos de víctimas.

El 7 de setiembre del 1986, el grupo terrorista Frente Patriótico Manuel Rodríguez realizó un fallido atentado contra la vida de Pincohet, en la cuesta de Las Achupallas, camino al Cajón del Maipo, a 40 kilómetros de Santiago.

El saldo fue de 5 muertos y 11 heridos, entre ellos Pinochet, quien terminó con la mano izquierda lesionada.

Inmediatamente la venganza del régimen: detenidos, torturados y al menos cuatro asesinados, entre ellos el periodista José Pepe Carrasco, ejecutado por agentes de la CNI de 13 balazos en la cabeza.

Las protestas y rabia contra la dictadura era cada vez más palpable, por lo que la salida política comenzó a ser una opición.

Pero la causa definitiva de llevar adelante un cambio devino de la visita de Juan Pablo II, en 1987. La visita del Papa estuvo absolutamente en manos de la dictadura, que organizó prolijos actos donde se intentó, como pasó en otros regímenes de la región, “limpiar” su maltrecha imagen internacional.

Pero la causa definitiva de llevar adelante un cambio devino de la visita de Juan Pablo II, en 1987. La visita del Papa estuvo absolutamente en manos de la dictadura, que organizó prolijos actos donde se intentó, como pasó en otros regímenes de la región, “limpiar” su maltrecha imagen internacional.

Esa situación fue la que terminó de convencer al dictador de que debía jugarse a ser ratificado por su país como líder absoluto.

Así, Pinochet reformó la Constitución que él mismo había hecho para llamar a un plebiscito donde se votaría Sí o No. “Sí” para que el dictador siguiera al frente del país hasta marzo de 1997, completando su segundo periodo presidencial de 8 años inaugurado en marzo de 1980; “No” para que se fuera en marzo de 1990 y le entregara el poder a un presidente electo por el pueblo.

Después de casi 16 años, los medios se abrieron a un discurso diferente al de la dictadura, y los partidos políticos chilenos opositores al régimen se unieron en pos de una campaña muy efectiva que instaba a votar por el No.

El gobierno militar, convencido de que ganaría sin problemas, cayó en la cuenta que se había puesto una trampa a sí mismo.

Luego de plagios de spots, operaciones en contra y varios problemas provocados el día de las elecciones para desalentar el voto, el plebiscito resultó favorable al No con 55,99% de los votos frente a 44,1% del Sí.

La Concertación por la Democracia, conformada por los partidos opositores, logró así encaminar a los chilenos hacia un proceso democrático luego de 20 años.

Pinochet aceptó a regañadiuentes el resultado, pero quizás lo comprendió cabalmente el día que fue a visitar la construcción del nuevo Congreso, en la ciudad de Valparaíso. Ahí, los obreros, ya sin miedo a las represalias de la dictadura, lo abuchearon e hicieron que Pinochet debiera retirarse, no sin antes decir ante los micrófos que sus agentes sacarían fotos, luegos las ampliarían, y así podrían identificad “a todos y cada uno” de los que lo rechazaron a viva voz.

La concentración económica durante los 80, más la apertura irrestricta de la economía chilena, promovidas por el plan económico de la dictadura, tuvo como resultado una desigualdad social de las más marcadas del mundo, que aún hoy persiste.

Los barrios más carenciados (las “poblaciones”), fueron el escenario de las más duras oleadas de represión por parte de las fuerzas de seguridad, y un gran porcentaje de los 3.200 muertos-desaparecidos por la dictadura fueron obreros.

Como colorario de casi 17 años de horror impunidad y muerte, en setiembre de 1989, la dictadura mató, brutalmente, a su última víctima: el dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, Jecar Neghme, quien fue ultimado de 12 balazos en pleno centro de Santiago, a las 9 de la noche.

Camino a la democracia.

El 14 de diciembre de 1989, los chilenos votaron para presidente. Se enfrentaba Patricio Alwyn, por la Concertación, contra el candidato de la derecha y de Pinochet, Hernán Büchi.

El primero se impuso por un claro 55,1% de los votos seguido por el postulante oficialista con 29,4%.

El 11 de marzo de 1990, Pinochet entregó el poder a Alwyn, para ocupar el cargo de senador vitalicio, lo que hacía imposible siquiera acusarlo de algún delito.

Durante años la impunidad no hizo más que mantener bien abiertas las heridas en la sociedad chilena, dividida fuertemente aún hoy, a 40 años del golpe de Estado que interrumpió la democracia más estable de la región con un saldo en vidas, económico, social y psicológico que se mantiene vigente.

 


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