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  • Hora11:11 Hs.
  • 11/06/2013

Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli regresan al teatro con un clásico

Dos actores que estaban dedicados al cine exclusivamente regresaron a "las tablas" con "Escenas de la vida conyugal" del sueco Ingmar Bergman dirigidos por Norma Aleandro.


Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli comparten "Escenas de la vida conyugal", de Ingmar Bergman, donde dirigidos por Norma Aleandro en el Maipo, encaran una puesta que aliviana los conflictos de pareja apelando al humor. 

Se trata de una versión teatral, adaptada por Fernando Masllorens y Federico González del Pino, que el cineasta sueco realizó a partir de su galardonado y homónimo filme y que vuelve a vincularse con Aleandro quien la protagonizó en 1992 junto a Alfredo Alcón.

Estos dos actores quienes últimamente estaban dedicados casi exclusivamente al cine han apostado a esta obra que fue un clásico del cine y regresar a las marquesinas de Calle Corrientes.

Cada uno de los siete cuadros del relato deviene un momento de la vida del matrimonio para narrar algo muy íntimo de la relación.

La interesante dinámica de la obra se basa en un juego escénico donde la dupla actoral -propietaria exclusiva de la escena- entra y sale con eficiencia de su respectivo personaje, traspasando la cuarta pared.

Esta apuesta interpretativa logra hacer cómplices a los espectadores de sus comentarios o acotaciones sobre la trama, para luego volver con rapidez a la trama de la historia de esta pareja.

El público se transforma entonces en partícipe, voyeur privilegiado -una situación que agradece festejando con lealtad cada señalamiento humorístico del argumento- de lo que sucede entre una pareja de adultos.

Los integrantes de la dupla, en este cuento, viven una rutina cómoda, con buenos empleos, dos hijas, sendas agendas repletas de compromisos sociales y una sorprendente lealtad -con aires de tiranía- a los mandatos y convenciones de sus respectivas familias de origen.

Los avatares amorosos planteados como una cuestión exclusivamente vincular, un territorio distante de los vaivenes sociopolíticos, sin referencias o guiños hacia la temporalidad resulta complejo.

La única referencia al contexto histórico llega al espectador través de un discurso dotado de una nostalgia amarga, una suerte de afirmación que contiene un "nosotros los de entonces, ya no somos los mismos".

Según pasan los años -más de 20- los otrora jóvenes decididos a cambiar el mundo, quienes apostaban a una historia de amor compartida, se convirtieron en un dúo conviviente -a veces parecen dos hermanos, dos niños a la deriva- amurallado por el aburrimiento.

En esta lógica del desencanto y las compensaciones, estos dos seres vulnerables intentan criar a dos hijas sin mucha autoridad y enfrentan como pueden las tribulaciones existenciales, siempre en un tono medido y afable.

La despojada escenografía de Juan Lepes, capaz de transformar al elegante lecho matrimonial en un elemento clave, armoniza con el ajustado vestuario de Renata Schussheim y la intimista iluminación de Omar Possemato, que subraya ciertas aristas emocionales de los personajes en la obra.

La pareja protagónica suaviza la intensidad de la narración de las distintas situaciones que atraviesa, enfatizando los costados humorísticos de las mismas, con dejos de triste sarcasmo, en una sucesión de cuadros engarzados por la dirección de Aleandro.

Más allá de las risas del público y de la feliz adhesión que siente al ver sobre tablas a dos actores muy queridos del quehacer artístico nacional, la vulnerabilidad absoluta de estos dos seres aislados en su conflictiva, a lo largo de la trama, queda al descubierto y se manifiesta.

El dolor de ambos miembros del matrimonio, cuya mutua ligazón permanece en el tiempo, muchas veces parece condensarse en la gestualidad sutil de Valeria Bertuccelli en la piel de Mariana, una criatura persistente para amar.

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