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  • Hora17:17 Hs.
  • 10/01/2013

Cómo liberarnos de las relaciones tóxicas, de esas que nos hacen mal

La norteamericana Lillian Glass, experta en vínculos, explica la forma de abandonar a esas personas que nos hacen mal. Cómo aprender a mirar alrededor y ver las relaciones sanas que nos nutren y ayudan a crecer.


¿Cuántas veces lo habremos vivido? Sentir que estamos junto a una persona con la que no sintonizamos y que, más allá de lo que hagamos, siempre hay algo que no funciona? Buscamos soluciones bien intencionadas, una y otra vez, pero siempre terminamos en el mismo lugar: el conflicto.

Tenemos la sensación de que no nos podemos comunicar, intentemos lo que intentemos, digamos lo que digamos. Desde esa amiga que siempre está en problemas y nos chupa la energía sin importarle qué hacemos o cómo nos sentimos hasta esa otra que cuando estamos contentas por algo nos arruina la fiesta con un comentario sarcástico que nos deja pensando el resto del día; desde ese marido que controla cada paso que damos hasta la jefa a la que no hay "nada que le venga bien" aunque nos esforcemos continuamente, las relaciones tóxicas están siempre en alguna parte en nuestra vida cotidiana.

"Las relaciones tóxicas nos van minando la autoestima, nos destruyen poco a poco hasta hacernos sentir que no valemos ni un poquito", dice la psicóloga Lilian Glass durante una entrevista con Sophiadesde Estados Unidos. La conocida autora del libro Relaciones tóxicas: 10 maneras de tratar con las personas que te complican la vida, que vendió millones de ejemplares en todo el mundo, les"puso nombre" a estos vínculos que tanto nos destruyen.

Antes de viajar a la Argentina para presentar su nuevo libro, Hombres tóxicos, nos explicó cómo podemos salir de un vínculo que nos intoxica. Durante la charla, nos invitó a mirarnos hacia adentro y a descubrir la razón por la cual nos "enganchamos" en relaciones que no nos hacen felices.

Si cada vez que nos juntamos a tomar un café con una amiga salimos amargadas, o si el llamado de un hombre nos perturba, algo anda mal. Hay que aprender a escuchar a nuestro instinto, esa voz interior que nos dice que si una persona nos hace mal, entonces, no debe de ser para nosotras. La propuesta de Lilian es escuchar y distinguir entre un vínculo enfermo y uno saludable, para salir adelante y dejar atrás no solo lo que nos enferma sino, por supuesto, a la persona que nos intoxica.

Usted dice que la gente tóxica es conocida como "vampiros psíquicos", gente muy deprimida consigo misma, que para mejorar su estado de ánimo tira abajo el de los demás, lo que les genera a estos últimos confusión, inseguridad, dolor y tristeza en sus mejores momentos...
Sí. Por ejemplo, es esa persona que un día que estás contenta –ya sea en una fiesta, en un cumpleaños o por un viaje que te ilusiona– te hace un comentario que te tira para abajo. Puede parecer tu mejor amigo, tu pareja, y hasta da la impresión de que te quiere, pero en un minuto puede empezar a criticarte, siempre "con cariño", "de manera inocente", o con "la intención de ayudarte", para que tus momentos de alegría decaigan. Lo puede hacer hablando directamente con vos o sembrando chismes entre la gente que te rodea.

Y están siempre dando vueltas por nuestra vida esos personajes que nos generan esa necesidad de preguntarles a otros: "¿A vos te parece bien esto que me dijo? Supuestamente, me quiere, pero me está tirando este palo"...
Sí, es gente que te absorbe la alegría, por medio de su propia negatividad camuflada en "críticas constructivas". Son los que antes, después o durante una linda reunión te hacen un comentario o te dicen algo que te envenena la sangre, o te pelean sin sentido, te provocan, y al minuto te abrazan y te dicen que todo está bien, que no pasó nada, que te olvides, o que no seas exagerada si te lastiman. Pero la fiesta ya te la arruinaron

¿Cómo se manifiesta ese vínculo con una pareja o con un socio, a quienes tenés que ver y con quienes tenés que hacer acuerdos todo el tiempo?
Se manifiesta con acciones que no suman. Una persona tóxica es una persona que no nos apoya, que nos tira para abajo, que no nos trata con respeto. Nos hace sentir mal con nosotras mismas, nos absorbe la energía, nos desvaloriza en nuestra integridad, nos hace creer que somos menos de lo que somos, nos complica la vida, nuestras decisiones, nuestros proyectos. Una persona tóxica nos provoca emociones negativas, nos maltrata. Al hacernos sentir mal con nosotras mismas, nos influye en nuestra manera de actuar. Cuando estamos con esa persona, no nos sentimos bien.

En su último libro, usted se refiere específicamente a varones tóxicos, pero ¿puede suceder con otras personas?
Claro que sí. Podemos tener una relación tóxica con nuestra pareja, con amigas, con algún familiar, con una compañera de trabajo, con la persona que nos lleva las cuentas o con cualquier otra que forme parte de nuestro entorno y nos haga sentir mal.

¿Cómo me doy cuenta de que estoy con una persona tóxica?
Hay síntomas de todo tipo, emocionales y físicos. Puedo dar algunos ejemplos que nos pueden suceder con una pareja, pero también se adaptan a otro tipo de vínculos. En el plano emocional, nos podemos sentir infelices y sin ilusión para la vida, en especial cuando estamos junto a esa persona. También solemos llorar mucho, porque hiere nuestros sentimientos y el dolor nos sale por donde puede. Nos sentimos limitadas, sin ganas, enojadas, irritables, con la sensación de que la vida no tiene sentido; podemos comer en demasía para tapar el dolor emocional y hasta consumir drogas u hacernos adictos a otras sustancias. En el plano físico, nos puede doler la cabeza, tener náuseas, vómitos, contracturas, alergias.

Y en el fondo también debe de haber miedo...
Sí, cuando tenemos un vínculo tóxico, aparece el miedo de ser quien realmente somos, una sensación de que hay que andar con cuidado por "donde uno pisa". Sentimos temor de decir algo equivocado y que nos lo echen en cara, pánico a que el otro se enfurezca si no hacemos exactamente lo que quiere o a no saber cuándo y por qué va a explotar, y en algunas ocasiones hasta miedo físico de que nos golpee.

¿Cuáles son las consecuencias en nosotras cuando una relación nos perjudica?
Esto es un proceso que va minando poco a poco nuestra autoestima, y a medida que vamos transitando el vínculo, cuando nos queremos acordar, ya nos empezamos a creer los comentarios y las críticas, o a cuestionarnos nuestras capacidades, nuestros talentos, nuestra inteligencia, nuestra belleza, nuestro carisma y nuestra atracción.

¿Existen pistas para darnos cuenta en un primer momento de que una persona puede ser tóxica para nosotros?
Sí, hay distintas pistas. Una persona tóxica puede tener actitudes controladoras, no mirarte mucho a los ojos, ser burlona, sarcástica; pero básicamente, ya desde el principio, no te hace sentir cómoda. Siempre sugiero a las mujeres escribir qué las pone incómoda de una persona, o que tipo de gente –y con qué características– nos ha hecho sentir mal a lo largo de nuestra vida. Seguramente, mediante ese pequeño listado, encontremos un patrón común en todas aquellas relaciones y, así, en el futuro podremos reconocer a una persona tóxica apenas aparece. Por ejemplo, nos daremos cuenta si en el pasado lo pasamos mal porque tuvimos una jefa que necesitaba ver todo lo que hacíamos, si después tuvimos un novio que necesitaba saber a dónde íbamos y marcaba cada paso de nuestras decisiones u otro que miraba si la casa estaba perfecta, se ponía histérico si tenía una arruguita en el traje y nos decía que todo estaba sucio y desorganizado.

En su nuevo libro Hombres tóxicos, usted habla de distintos tipos de personalidades poco saludables...
Luego de escuchar a cientos de mujeres en mi consultorio, armé varias tipologías de hombres tóxicos, que se adaptan a mujeres también y a otras relaciones que tenemos en la vida: jefes, amigos, socios, empleados y más. Para empezar, hablemos del competidor celoso, aquel que siempre intenta quedar por encima de nosotras poniendo en tela de juicio casi todo lo que decimos y que provoca discusiones para controlar y sentirse superior. Después está el tranquilo, que puede entrar en erupción en cualquier momento. Este tipo siempre guarda lo que tiene adentro, nunca dice lo que realmente siente; si está triste o enojado, nunca lo sabremos, pero él guarda un registro de todo y después explota en un torrente de ira que puede haber sido provocado por algo insignificante y, en realidad, es por todas las cosas de nosotras que le molestaron desde que nos conoció. También está el obseso por el control, furioso y déspota. Este tipo de personalidad es aquella que nos dice lo que tenemos que hacer y cómo hacerlo, nos intimida, se enoja si no hacemos lo que él quiere.

Y también estarán los narcisistas, los que siempre se miran el ombligo.
Sí, esas son las personas narcisistas egocéntricas, cuyo lema es: "Yo, mí, a mí, conmigo, para mí". Su única preocupación es ellas mismas. Si no estamos dispuestas a hacer algo para esa persona, no le seremos de utilidad. También está la persona débil y sin iniciativa, que no es capaz de tomar una decisión sobre nada y suele verse arrastrada por la opinión de la gente. Vive con miedo, proyecta ese miedo en nosotras y, entonces, solemos intentar ayudarla, salvarla.

¿Y los que con la excusa de ayudarnos nos destruyen?
Son las personas cizañeras y traidoras, que se meten en nuestras cosas todo el tiempo como si fueran asunto suyo o intentan manipular la situación y a nosotros para lograr que hagamos las cosas a su manera. La persona que todo lo sabe y siempre está segura de que tiene todas las respuestas. Siente que es más viva que las demás, que sus opiniones son las únicas que valen y que sus convicciones morales son las que debiera adoptar todo el mundo.

¿Existe alguna tipología de víctima ideal para las relaciones tóxicas?
Todos podemos ser víctimas, pero en general esto se da en personalidades maternales o protectoras, así como en profesionales que ayudan a los demás: enfermeras, médicos, maestras. Personas receptivas al maltrato, en su mayoría mujeres, según demuestran las estadísticas. Muchas mujeres están preocupadas por no herir los sentimientos de los hombres y se olvidan de preocuparse por ellas mismas y sus propias necesidades emocionales. Muchas mujeres están sufriendo abusos y ni siquiera lo saben.

¿Cuál es la mejor manera para lidiar con una relación tóxica?
En primer lugar, lo ideal es mirarnos para adentro, conocernos y preguntarnos por qué nos enganchamos en este tipo vínculos. Seguramente, con una buena terapia, veamos que muchos de estos vínculos están relacionados con nuestra historia familiar y lo que ella dejó en nosotros. Pero, obviamente, en la convivencia o a la hora de lidiar cada día en nuestra vida con determinada gente tóxica, el humor resulta ser una técnica infalible. Con el humor le demostramos al otro que no nos enganchamos. Como dice el dicho: "Se necesitan dos para bailar el tango". Al usar el humor demostramos que no nos afecta lo que el otro está diciendo. Siempre hablo también de una técnica de respiración donde nos conectamos de nuevo con nosotras mismas para que el otro no nos perjudique. Para mí la conexión es fundamental; siempre es bueno escribir un diario de lo que nos sucede, de cómo nos vamos sintiendo.

Y huir de las personas que nos hacen mal.
-Sí, claro, hay que dejar los vínculos que nos hacen mal. Y también hay que aprender a mirar alrededor y ver las relaciones sanas para saber qué queremos realmente. Tenemos que preguntarnos por qué estamos relacionándonos con personas que nos hacen mal. Debemos alimentar nuestro valor interno, nuestra autoestima, para entender que en esta vida tenemos derecho a ser bien tratadas y que las relaciones son de igual a igual, simples, sin presiones ni de un lado ni del otro; para comprender que una relación nos tiene que nutrir, ayudar a crecer. 

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