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Buenos días, a pesar de todo. Creo que todos coincidimos con la frase que dice "la vida es corta". Sé que a algunos la vida se les hace intolerable y, entonces, el suicidio es una realidad. Un suicidio bien hecho es prácticamente irrepetible. Este asunto de la muerte es francamente desagradable y lamento mucho que los poderes que prohíben el cigarrillo, el tabaco, la prostitución y la bigamia, no hayan prohibido la muerte de una vez por todas. ¿A quiénes le tienen miedo, a los de las cocherías? Debo reconocer que al campo científico lo tenemos a nuestro favor, que los vagos han logrado ampliar el tiempo de respirar, latir, comer, dormir e ir al baño. Los datos son muy elocuentes: tanto en la Grecia clásica como en la antigua Roma, la expectativa de vida era de 28 años. A los 20 ya eras viejo y a los 25 te jubilaban. En Gran Bretaña, en la Edad Media, la expectativa de vida era de 30 años, y a comienzo del siglo veinte era en todo el mundo de 50 años. En estos momentos, podemos esperar vivir 66 años y ocho meses. Es un gran avance, pero no son iguales las realidades. Lo que indiqué es un promedio, pero si analizamos lo que pasa particularmente en cada región vamos a ver que las diferencias son infames. Cuento: Japón supera la media con creces, pues se puede llegar cómodamente a los 83 años y seis meses; en Islandia, a los 81; en Suiza, a los 80 años y seis meses. Superan los 80 años de vida promedio Estados Unidos, Canadá, gran parte de Europa y Australia. Nosotros andamos bastante bien, che; sin ánimo de pelear la punta, zafamos con 77 años y tres meses. Lo sorprendente entre nosotros es la diferencia entre hombres y mujeres. Los hombres argentinos pueden aspirar a vivir 73 años y 11 meses, pero las mujeres andan por los 80 años y seis meses. Loco, decididamente conviene ser mujer, cosa que voy a plantearle esta tarde a mi ginecólogo. Lo que me sorprende, me mortifica, me da pucheritos de repugnancia, es la diferencia de los que se salvan con los que no se salvan, pero por poco tiempo. Escuche: la esperanza de vida en Sierra Leona es de 40 años y siete meses; en la República Centroafricana, de 39 años cuatro meses, y en Zambia, 37 años y seis meses. Aquí puede apreciarse una de las grandes diferencias de esta humanidad actual, que en los foros de discursos internacionales habla de igualdad, ayuda solidaria, y equiparación de calidad de vida, y en la realidad, de barro, sed y ausencias de cruces rojas, no tiene ningún reproche de conciencia en permitir que pueblos enteros, naciones enteras, se mueran de jóvenes y con una juventud de mierda. Ahí, en esos "países nichos", la muerte sigue teniendo muchos aliados: la inasistencia social, el hambre, la sed, las enfermedades epidémicas, la pobreza despiadada, las empresas monstruos, para los que una muerte es sólo un tachón en sus listas de consumidores. Es evidente que la humanidad ha progresado, pero qué lejos está todavía de ser humanidad. 

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